Tormenta e Ímpetu

Un espacio dedicado a la Historia de la Literatura Chilena

Nombre: Nicolás Paganini
Ubicación: Santiago, Chile

viernes, diciembre 16, 2005

Los Dos Caballeros Imaginarios

El Caballero Infante

Hernán del Solar nace el 19 de septiembre de 1901. Fue siempre un hombre con corazón de infante. Como todo imaginista depositó su fe y fuerza creadora en el viaje. La literatura como peregrinaje hacia los vastos campos donde la imaginación rompe con la normatividad. Su obra es el retroceso conciente a los años idos. La infancia y la juventud, épocas de la vida envueltas por el sueño, son la herramienta a través de la que Del Solar intenta cautivar y motivar al lector.

“No sólo para los niños el escritor necesita derramar sobre sus historias una mezcla de hechicería e imaginación. Nosotros también necesitamos, de vez en cuando, que se nos arranque de la realidad cotidiana”

Hernán del Solar

Sin duda alguna, Hernán del Solar marcó y dejó huella en la adolescencia y sabia madurez de muchos espíritus. Imposible olvidar sus colecciones Rapa Nui, que en la segunda mitad de los cuarenta conmocionaron al mundo de los niños chilenos con muchos títulos de llamativa presentación y excelencia en su género. El rey de los atunes, El club de las cigarras, El secreto de Baikal, Memorias de una sirena. Labor que llevó a cabo con el escritor catalán Francisco Trabal. Ellos fundaron la editorial, que tenía como objetivo reunir los escritos de diversos autores chilenos. Muchos fallaron, teniendo que ser él mismo quien escribiera los textos prometidos. Escribió relatos de setenta páginas en una sola noche para salvar la situación y los compromisos.

Si bien se le identifica con la lectura infantil, dedicó gran parte de su vida al desarrollo de la vida cultural. Su genio le permitió conocer variadas lenguas: italiano, griego, portugués, inglés, francés. Realizó ochenta valiosas traducciones de obras de Stefan Zweing, Blaise Cendrars, André Maourois, Pierre Mac Orlan y otros. A su vez se destaca en la publicación de obras de crítica literaria: Índice de la poesía chilena en la primera mitad del siglo XX (1953), Breve estudio y antología de los Premios Nacionales de Literatura (1965) y Premios nacionales de literatura (1975)

Su primer cuento publicado fue El hombre gris, aparecido en la revista Letras en 1928. Una de sus tareas más destacadas fue Viento verde (1940), su primer volumen de cuentos. Recordamos la "Noche de enfrente" (1952), once cuentos de una belleza sobrecogedora, recorren la vida profunda y espiritual. Se destacan de esa compilación “La guitarra negra” y “Bicéfalo”.

Mi abuelo solía decir: quién escribe a lo niños, debe ser diestro caballero en los azahares de la vida. Debe ser pequeño sabio, habil para hablar genialidades a espíritus ávidos, pero cándidos e inexpertos. Aquel que canta a los niños, vive a la vez en las nubes y en la tierra. Sufre como niño, expresa como hombre. Hernán del Solar tenía ese talento, o esa maldición... enfrentar este mundo hostil sin perder la sensibilidad infantil... es dura empresa heorica, sumamente peligrosa, inconmensurablemente hermosa.

Por último, “Los hombres y las cosas” (1959), grupo de pensamientos y visiones personales del autor, nos hace recordar que Hernán Solar más allá de cautivar a miles de niños, lograr alcanzar el reconocimiento de sus pares, ganar premios y alabanzas publicas (entre los que destacan ser Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua y Correspondiente de la Real Española) fue un hombre que vivió en permanente preocupación por el mundo que le tocó vivir.

"Hogla y Dinar se casaron. Y aliú escogió su mejor nave para que pasearan por el mar. Vieron islas pequeñas y grandes, oyeron todos los ruidos de la vida, y entre ellos estaba el ruido de la felicidad, que a veces no es sino el latido de un corazón que conoce a otro y lo ama".

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Nuestro espacio electrónico le invita a leer Los mejores cuentos de Hernán del Solar.

Los Dos Caballeros Imaginarios
El Triste Caballero

Imposible no haber leído a este fabuloso poeta si mi propia infancia y fértil mancebía la viví en los Sagrados Corazones de los Padres Franceses, al igual que él en su fresca juventud. Aunque en tal establecimiento no hay monumentos que lo recuerden, ya que sólo se vive del vestigio de Arturo Alessandri y el mismísimo José Manuel Balmaceda, sus libros son su más gloriosa remembranza. A los presidentes hay que honrarlos, si es que han sido buenos, ¿pero acaso no son los poetas los que fundan la Nación y dan brillo al paisaje real e imaginario de Chile?

Nacido en Santiago en el año 1893… no vivió en el mundo, sino en la ensoñación. Aún así, la necesidad económica (inclusive en sus años más gloriosos) lo obligó a trabajar en la administración pública. Es que en Chile, es sabido por todos, la cultura no paga. Así fue como el afamado poeta se disfrazó de hombre común, trabajando en el Banco Español, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la Dirección de Bienes Nacionales, entre otras cosas. ¿Qué extrañeza les brinda? En este país, la pobreza es la usanza y acogida para los virtuosos. ¿Acaso no fue Rubén Darío pesador de la Aduana de Valparaíso y Víctor Domingo Silva oficial de partes de la repartición de Coquimbo?.

Ahora bien, Ángel Cruchaga Santamaría fue un receptáculo de talentos para el movimiento imaginista. Su obra manifiesta amor y espíritu religioso, gracia y novedad en sus formas. Le escribe al amor y a las damiselas. Su libro más destacado y de una maravilla deslumbrante es Job. Un verdadero canto al dolor y a la angustia humana, redimida en la fe y esperanza divina. Magia y realidad, es lo que se devela al leer a Cruchaga Santamaría.

Juvencio Valle lo recordaba así:

“Me acerco a Ángel Cruchaga y es como si me aproximara peligrosamente al centro de la poesía. Su armonioso perfil de lámpara, su corazón de miel, me lo presentan ungido de una diamantina autoridad: lo siento por tanto gobernador del cielo, bien posesionado de sus albas radiosas, dueño y señor absoluto de sus extraordinarios arociris. Alegra con tanta luz natural o tanto fuego de adentro rugiendo hacia un ámbito tan poblado de significación celeste”.

En 1912, a temprana edad, ya publicaba junto a Vicente Huidobro la revista Musa Joven. Años antes se había hecho medianamente conocido en el ambiente literario por “El conde Narciso” (1908), luego vendría “Nada más” y su primer libro “Las manos juntas” (1915). Con esta última se integra al círculo de poetas destacados del ámbito nacional. En 1918 publica “Canto al maestro”. En Argentina aparecen “Martillo de oro” (1923). En 1928 un libro de tres volúmenes que integra “Los cirios”, “Poemas en prosa”, “La ciudad invisible” y “la hoguera abandonada”.

El mar fue también imagen de su obra, pero su verdadero medio para soslayar lugares comunes fue la tristeza. El revolucionario de la tristeza le llamaron, ya que en el enfrentamiento de la tragedia humana, vislumbró lo mejor del hombre. Melancolía y penurias… las armas del poeta para atravesar el río del Letes y ver ahí, lo que los “hombres de a pie” jamás podrán discernir.

“En mi silencio azul lleno de barcos/ sólo tu rostro vive./ En el mar de la tarde el día duerme./ Eres más bella cuando estoy más triste.”
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- Tormenta e Ímpetu lo invita a leer "Anillo de Jade : Poemas de China" de Ángel Cruchaga Santa María, uno de sus más hermosos libros.

jueves, diciembre 15, 2005

Salvador Reyes: el Imaginista
(1890-1970)

“Me Gusta El Mar”


“Hace muchos años, cuando empecé a escribir sobre temas náuticos, algunos colegas (molestos tal vez porque el tema se les había escapado) me acusaron de farsante. Según ellos, yo posaba de marino. Parece que la gente de letras no concibe los impulsos espontáneos; cree que los sentimientos y las actividades del escritor tienen que estar condicionados por un propósito de aprovechamiento literario. En aquel tiempo, como ahora, escribía sobre lo que me gusta. Y me gusta el mar, como dice una de las canciones que los Hermanos de la Costa berreamos en nuestros zafarranchos”

S. R

En mi mocedad, tuve la oportunidad mágica de leer Valparaíso: Puerto de Nostalgia. Una esmeralda entre las más bellas joyas de Chile. Acrecentó en mí los anhelos de escape de una ciudad envuelta en vorágines no siempre luminosas. Es que el viaje y la nostalgia son la esencia misma de la pluma de Salvador Reyes. El mar, la noche y la melancolía despertaron en mí emociones siempre habidas, pero aletargadas por el cemento de un Santiago gris.

En cada uno de sus relatos, Simbad (como se hacía llamar), plasma aquel deseo del hombre por el mar, esa atracción impetuosa que impele a sus personajes a hacerse en sus profundidades. Ruta de sangre, nos adentra al mundo de la piratería. Los hombres, dueños de su tiempo, desafían las madejas del destino. Mónica Sanders, es el idilio entre una mujer y un ballenero. La novela sobre Valparaíso es la relación entre el océano y el puerto, almas ávidas de bohemia y un capitán enamorado. El mar acrecienta las pasiones en sus relatos. Inventa, modela, desnuda a sus personajes y nos devela las pulciones irracionales más íntimas. bajo esta misma línea se encuentra Barco ebrio, uno de sus primeros escritos.

El gran valor de la literatura de Reyes es su universalidad. Sus novelas logran aprehender el arquetipo que sólo los virtuosos pueden asir con seguridad. Aquella imagen sempiterna que despierta cuando se abren las hojas de un buen libro. No importa el siglo que devenga en las afueras del universo de sus tapas de cuero y su polvo milenario… siempre va a aprehender al hombre.

“Dentro de mí hay un viejo lobo de mar / el buen piloto de un bergantín negrero”

Reyes fue una de las figuras más representativas del movimiento “de los que tienen imaginación”. El romanticismo dedicado en sus obras al océano y a aquellos héroes que se aventuran en él, da cuenta de una sensibilidad profunda y un talento impecable para plasmarlo en la hoja y cautivar así a sus lectores. Porque ese fue el objetivo de Reyes, encantar… Imaginación y encantamiento, deben ir siempre unidos con fervor. Con ello hacía hincapié en lo que sus mentores de infancia le adoctrinaron y aconsejaron de forma silente, con cada novela, con cada pequeño cuento leído. Desde Stevenson a Alejandro Dumas, desde Sir Arthur Conan Doyle a Salgari y Verne, fueron moldeando sus tardes frente a las aguas nortinas, primer hogar junto al mar, hasta que su verdadera dama le robara toda voluntad: La ciudad de Valparaíso.

Dedicado por entero al cuento imaginativo, en aquel entonces novedoso, se transformó en una figura importante dentro del grupo. Fue libre y aventurero, gustoso de las cosas raras, gozoso de vagabundear de forma real o fantásticamente, nunca estuvo falto de alas. Silva Castro dijo de él: “amaba el mar, usaba pipa, navegaba continuamente entre piratas, grumetes y capitanes de barcos peligrosos”. Hugo Montes y Julio Orlandi, conocedores del mundo literario chileno, también le dedican unas palabras: “se le asigna, como a d’halmar, la dirección del imaginismo, arte que no es, como pudiera pensarse, una actitud desligada totalmente del mundo de la experiencia: los imaginistas crean una combinación estética en que la fantasía supera la verdad de la vida, pero en perfecto ensamble con ella”.

Algunas de sus obras más destacadas, además de las mencionadas, fueron: El matador de tiburones (1926); Las mareas del sur (1930); El último pirata (1925); El café del puerto; Los tripulantes de la noche (1929); Lo que el tiempo deja (1932).
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- Tormenta e Ímpetu le invita a leer Peregrinajes literarios en Francia de Salvador Reyes. Maravilloso texto que le permitirá conocer de forma más profunda al escritor y su obra.
- Jorge Teillier, el afamado poeta chileno, le hace una entrevista a Salvador Reyes: Veala aquí, en Tormenta e Impetu.
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¿El Fin del Imaginismo... o la fuerza inherente?
Hemos dicho que el Imaginismo surgió motivo de un anhelo exacerbado de ensoñación. Su diatriba se dirigió contra movimientos que centraron sus afanes en los escenarios descriptivos de la realidad. Ambos bandos desgarraron sus mejores lanzas, ora a favor de la estructura naturalista, ora en función de la coyuntura reformadora de la perspectiva literaria, pero tal como en la vida misma, aunque no lo quieran los Imaginistas, los combates épicos llegan a su fin… y el recuerdo de los héroes, y de sólo algunos, es lo que permanece.

Para aquella juventud efervescente en su lozanía, también llegaría el instante de la separación y - con el alejamiento - también el final del movimiento. Avanzada la década del treinta, en silencio quedaron las algazaras de los periódicos y las afrentas caballerescas en los instantes de prologar la obra de un camarada.

¿Qué fue lo que los hizo desaparecer? ¿Realmente desaparecieron? ¿Acaso no fue la misma realidad la que con sus ejércitos insoslayables diezmó a las inexpertas, pero valientes jóvenes huestes que pensaron podían vencer lo invencible? Acaso…

“El tiempo dispersó a los que formamos el grupo. Yo me fui a España y el drama de 1936 alejó de mi mente toda esa vida fantástica que antes constituía mi medio. Las cosas terribles que tuve a la vista no me dejaron lugar a nostalgias literarias.”

Luis Enrique Delano

Las palabras de Enrique Delano son elocuentes y claras. El ímpetu y la tempestad fueron frenados por los mismos corceles de siempre, los mismos que abandonaron a Alejandro en la India, los mismos que extinguieron, uno a uno, a los recién retornados caballeros del Temple de Jerusalén: el mundo real. La realidad, supe una vez, tiene sus propios demonios que se burlan de los soñadores del mundo.

Ante el abismal “prosaísmo de la realidad circundante” la juventud de los autores fue cediendo poco a poco, una vez ante la experiencia de la madurez, otras veces frente a la vivencia de la historia como mundo hostil. Su fin, significó un debilitamiento del período surrealista, que tiene su gestación en esta generación del 27. Aún así, su aparición y lucha, significó una importante contribución a la perspectiva de la literatura en Chile. Con sus obras se constituyó una vanguardia y un nuevo período, una nueva época en las letras nacionales, ya que descubrió planos y diversas esferas de la realidad antes no develadas. Avance ante la imitación servil del propio medio y sus manifestaciones aparentes. La imagen de lo real, sufre una desrealización y paradójicamente la literatura se hace más humana, más real. Su presencia marcó el hito de la autosuficiencia de la obra como objeto. Por lo tanto, se funda una actitud frente a la literatura. ¡Ella es creación, creación y creación!

Sus logros no se remiten sólo a las esferas de las letras. Más allá de una perspectiva técnico-artística, significó - dentro de la cultura – la reminiscencia de una tendencia hacia lo humano en la vida, el desarrollo de una conciencia histórica especial. Quizás para muchos sea una negación de ésta, al reemplazar un enfoque integrador, positivista, objetivo-experimental, por una corriente evasiva, antipositivista, por ende poética, irracionalista y fantástica. El hecho de enfrentar la realidad circundante a partir de una media-evasión (que permite la observación crítica de la sociedad), es – sin duda – una actitud histórica. No existe la evasión completa en el movimiento, el vaivén entre presente y pasado, sociedad e imaginación es constante. Se esgrimieron como contempladores de la dinámica social. Me pregunto, ¿Cuánto nos faltó para caer en cuenta que el mito, con su alejamiento de la historicidad en la mentalidad arcaica, era otra forma de enrostrar el tiempo, nuestro presente?.

Para concluir, nos quedamos con las palabras de Enrique Delano… “Yo me fui a España y el drama de 1936 alejó de mi mente toda esa vida fantástica que antes constituía mi medio”. ¿El Imaginismo como un medio? Por lo tanto un instrumento, una vía que no cesa jamás, ya que sin importar que estos viejos baluartes de nuestras letras hayan envejecido (y para bien, ya que sus obras posteriores son de alto nivel), otros jóvenes pueden tomar sus espadas, escudos y armaduras, y lanzarse a las sendas de nuestras letras con esas miradas brillantes y refulgentes de luces e imágenes que sólo ellos ven… que sólo ellos conocen. No por cualquier cosa el poeta recuerda lo que otros olvidan. El imaginismo es una constante en nuestra literatura, y así lo es en otras partes del mundo, gracias a movimientos análogos y la fuerza vital del surrealismo, acompaso de la necesidad histórica del hombre por soñar con lo inasible, por responder lo incontestable. El imaginismo, más allá de ser un movimiento literario, es una fuerza inherente a la condicion humana, que floreció con fervor en el siglo XX con los superrealistas, pero que fue parte vital del mundo precolombino, del mundo antiguo, de la edad media, y de tantos otros instantes de la historia.

viernes, noviembre 11, 2005

Imaginación y Realidad

La llegada de don Arturo Alessandri a la presidencia de Chile en 1925, significó la extensión de la influencia social de las clases medias. La conquista del poder político, conllevaría a la apertura de mayores espacios culturales de desenvoltura para el grupo ascendente. Aún así, dicha colectividad experimentó una profunda diversificación debido a que, varios de sus miembros, ensancharían las filas de múltiples ismos políticos. Se escucharía hablar de nazismo, socialcristianismo y socialismo. A su vez, el mundo literario no se quedaría atrás y propondría nuevos íconos a los que afiliarse, fue el caso del surrealismo, criollismo, creacionismo y el imaginismo.

Aquellos sucesos de la historia nacional, habrían servido de base, más el talento de sus protagonistas, para que la vanguardia de “los que tienen imaginación”, logrará ocupar un pináculo en los ambientes literarios chilenos. Ahora bien, no se puede marginar la importancia del talento de aquellos que se abanderaron por tales lides, no por cualquier cosa Salvador Reyes, Ángel Cruchaga Santamaría, Hernán del Solar, fueron galardonados con el Premio Nacional de Literatura en 1967, 1948 y 1968, respectivamente. Pero, cabe destacar que, sin contextos históricos adecuados, muchas veces esas agrupaciones han sido un eco lastimero en sociedades no preparadas para sus planteamientos.

Si bien algunos de ellos provenían de familias acomodadas, vivieron la oposición de la clase media intelectual ante una cultura, en general, monopolizada por la aristocracia. Habrá sido el Imaginismo, más allá de sus aportes literarios con respecto a la sub creación y la ensoñación, una forma de soslayar la realidad de una sociedad envuelta en pugnas sociales de clase. Salvador Reyes, la figura más importante del movimiento, solía señalar: “el deber del artista es evadirse de la realidad”. ¿De qué anhelaban exiliarse, para crear algo bello? El peregrinaje hacia la irrealidad, fue para los imaginistas, paradójicamente, una forma diferente de enfrentar lo innegable. Proliferan sus opiniones y comentarios con respecto a los rumbos que tomaba Chile, prueba de que dicho tema no les era del todo indiferente.

“me parece a mi que las profundas diferencias que hay entre nuestras clases y la corrupción política, están destruyendo la chilenidad. El profundo desprecio de la oligarquía por el pueblo, está siendo pagado por un profundo odio del pueblo hacia la oligarquía. La llamada clase media es una cosa hibrida, sin sentido de clase, sin solidaridad. Hay en ella un arribismo creciente que la hace desdeñar al pueblo e inclinarse sumisamente ante la gente adinerada y de apellidos sociales. Todo esto, a mi manera de ver, acarrea una desintegración, una incomprensión que cada vez será más fatal”. (1)

Salvador Reyes

Disputa Literaria de 1928

No por el azar estos jóvenes que comenzaron como grupo en 1925, se fortalecerían en 1928, para tomar plena vigencia en 1932. Fue el contexto de la década y -fundamentalmente- la pendencia en los diarios, la que procuraría fuerza y extensión a sus novedosas ideas, sin duda, un hecho primordial para comprender el espacio que pronto ocuparían. En Chile se han producido varias disputas literarias. Algunas, como la aquí citada, han tenido como consecuencia remecer los ambientes literarios, inspirar a escritores jóvenes e incentivarlos a crear. El mencionado conflicto se sostuvo en el Diario ilustrado, pero abarcó otros medios de la escena nacional, entre ellos: El mercurio, La nación y la revista letras. En ellos, tanto imaginistas como miembros del criollismo, rompieron sus mejores lanzas para definir un único proyecto literario. Los temas giraron en torno a la función del escritor y la finalidad de sus obras. Manuel Vega y Hernán Díaz Arrieta, ambos críticos e intelectuales de peso, el primero del Diario ilustrado, el segundo de La nación, apelaron a defender la realidad y descripción, la imaginación y la creatividad. Para Vega el escritor debía hacer un estudio minucioso de lo concreto, detallar la sociedad en toda su complejidad. Presentarla, bajo todos sus aspectos, de manera objetiva, estimulando así la reflexión de la sociedad sobre sí misma. Díaz se abanderó por la poética naciente, refiriéndose a la literatura, como el espacio para crear. Esa era la labor del escritor y no otra. La creación de una obra artística requiere, tal como dijera Salvador Reyes, de la “sensibilidad y buen gusto”.


El conflicto de 1928, representó el choque entre el mundo tradicional y un viento de vanguardia de creaciones modernistas. Si bien, muchos criollistas se opusieron a los aportes de estos nuevos escritores, sus estilos diáfanos y atractivos para el lector, fueron cautivándolos lentamente. Tales fenómenos significaron, para nuestra literatura, una apertura hacia los engranajes artísticos del resto del mundo. Fue un abrazo hacia occidente y sus movimientos y baluartes creacionales. Tal reyerta, irónica e incisiva en ocasiones, fue un hito fundamental de las letras chilenas, un elemento impulsor de dinamismo, cambios y descubrimientos.

La imaginación, como posibilidad de viaje hacia nuevos reinos del arte, inspiró a estos jóvenes escritores nacionales a perderse, pero no ha dejar de contemplar los cambios y dinamismos de su sociedad. En ocasiones, pienso yo, la evasión es fértil jardín para la introspección. De aquellas semillas germinan los bosques de la autocrítica. Oscuros son sus recovecos, de difícil desciframiento, pero fuertes y enraizados una vez que se cultivan con rigurosidad. En exceso, claro está, como todo lo humano, pueden convertirse en grave enfermedad y en un oscuro sin retorno.
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(1) Oelker, Dieter. Imaginismo en chile. Acta literaria Nª 9 Concepción, Chile.
- Tormenta e Ímpetu le aconseja consultar el texto: Alone, 65 años de crítica literaria: bibliografía de Mario Leyton, donde se devela la perspectiva de Hernán Díaz Arrieta (Alone) con respecto a nuestra literatuta.

miércoles, noviembre 09, 2005

La Imaginación en Lucha

La Vanguardia del Imaginismo en Chile (1927)

Apenas el siglo XX comenzaba a vislumbrar sus primeras luces, Hispanoamérica entera experimentaba el embate de una enorme rompiente llamada Surrealismo. Aquel vaivén impetuoso de las olas se dejaría sentir con ahínco en la narrativa chilena, trayendo con su advenimiento un quiebre profundo de la mayoría de las modalidades literarias reinantes en nuestro país. Coyuntura que hoy, con el paso del tiempo y su andar, se concibe como substancial (1).

Sin lugar a dudas, el surrealismo, como una pujanza atronadora, inundó los rasgos esenciales de una literatura nacional encauzada en el neoclasicismo, en el romanticismo realista y naturalista, tendencias que, históricamente, arroparon todo el siglo XIX. Fue luego de esta asoladora tempestad que, en medio de las batientes, germinó nuestra propia tormenta, una borrasca de escritores que sería conocida como los Imaginistas.

¿Qué fue el Imaginismo?, ¿cuáles fueron sus planteamientos cardinales?, ¿por quiénes estaba constituido? El origen del término imaginismo e imaginista, obviamente, hace alusión a palabras tan comunes como imaginación, imaginar e imagen. A su vez, aquellas tienen su origen etimológico en imago-inis, representación viva de una intuición, de una visión poética que cabalga en el lenguaje. Dicho movimiento asienta su interés en la capacidad del hombre para formar cuadros de cosas que no están de hecho presentes, invención de personajes, inverosímiles paisajes, acontecimientos inusitados, experiencias acompasadas por su principal arma y escudo: el adjetivo (2).

Tanto el pensamiento, el lenguaje y la imaginación disfrutan de lazos casi indestructibles. La mente humana, con sus herramientas de abstracción y generalización, no sólo es capaz de contemplar la hierba, sino que la percibe en su verdor. Poderosa espada la facultad de sub-creación encarnada en el adjetivo… no hay en los reinos de la imaginación hechizo y sortilegio más poderoso. He ahí el primer estandarte de los imaginistas: el hombre se convierte en subcreador (3).
Dicha corriente es en anhelo de expresar, en la literatura, el funcionamiento interior del pensamiento humano. Es un dictado del espíritu sin intervención de la razón, ajeno a preocupaciones descriptivas, recreativas de una sociedad plana e interte. En definitiva, se basa en la certeza de que existe una realidad superior, inasible para la narrativa de su tiempo, la emoción, el monólogo silencioso de la soledad, el hombre mismo en sus divagaciones, siendo retratado en la novela, en la poesía, en la obra de arte.

Ahora bien, el concepto imaginismo, como denominación de un grupo literario chileno, surge por el uso de la crítica literaria periodística nacional a partir de 1928. Se formaron involuntariamente bajo la concordancia de una encarnizada, pero sana oposición al excesivo criollismo (realismo) imperante en el mundo artístico de aquel entonces. Hecho retratado en la conocida pugna con respecto al papel que la literatura debía jugar en el Chile de 1927, la función del escritor, el sentido de la obra literaria y la reciprocidad que debía existir entre ambos. Mariano Picón Salas, fue el primero que habló de imaginismo, haciendo carrera el término en las letras del columnista Hernán Díaz Arrieta, más conocido por su pseudónimo de Alone (4).

Fue considerado imaginista todo aquel autor de obras en que la observación y descripción de la realidad directa ocupara un espacio marginado ante la hegemonía de la fantasía, la sub-creación y el cuento. Sus principales exponentes (y dedicaremos un artículo con respecto a planteamientos, protagonistas y su obra) fueron Salvador Reyes, Angel Cruchaga Santamaría, Hernán del Solar, Luís Enrique Délano.
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(1) Orlandi, Julio; Montes, Hugo. Historia de la literatura chilena, Stgo, Chile: Zig-Zag, 1982, p: 150 - 170.
(2) Oelker, Dieter. Imaginismo en chile. Acta literaria Nª 9 Concepción, Chile.
(3) Tolkien, J.R.R. Los mounstros y los críticos y otros ensayos. Barcelona, España: Minotauro, 1998, p: 166, 1667.
(4) Oelker, Dieter. Op. Cit, p: 1,2